Sólo bastó con mirarte, tus ojos penetrando mi mirada como en busca de algo y tu sonrisa iluminando la noche entera empapada por las gotas de lluvia que tristes se azotaban en el piso al saber mi grave infortunio. Tan fatal como que en ese momento sufría el alejamiento de mi dueño, pero a la vez el sentimiento más puro y noble hacia él que no me permitió hacer más que mostrar el interés que me causaste.
Como vil bohemia ese día yo solamente pretendía tomar unos tragos para pasar el sabor amargo de mi dicha mal afortunada. Pero entraste tú, y se movió todo dentro de mí, y pude ver esa luz de tu sonrisa y de tu belleza que me invitaba a acercarme en todo momento a ti, para saber de ti, para conocerte y descubrir por qué si era tan mala mi fortuna, apareciste tú en ese momento.
Precisamente tú, con tu singular simplicidad que me llenó de una espantosa curiosidad que de inmediato fijé mis ojos en ti, para no perder detalle de tu silueta que se movía sigilosa entre las formas de los que ese día estaban ahí, como estorbándome de cierto modo para estar contigo, robar tu aliento y sentirme plenamente dichoso contigo.
No quiero que se piense que sólo buscaba desquitar en ti mis sentimientos de amor ahogados, por lo contrario, al verte me daban ganas de despedirme de todo y comenzar de nuevo junto a ti, con la esperanza de poder ser lo que necesitas.
Y es que era tanta la expectativa, que incluso comencé a soñar despierta con poder tener tus caricias, y poder estrechar tu pecho contra el mío en un abrazo que escuchado tu voz tan hermosa me diera calma y paz al decir: “todo está bien, no pasa nada y aquí he llegado yo”.
¿Raro, no crees? Pues sí, pero eso era lo que sentía, lo que mi loco interno me pedía, por obvias razones de mi forma de ser, ocupè el razonamiento y no me atreví a hacer más que intentar por lo menos, hacerte notar que causaste algo grande en mí con el sólo hecho de verte.
Ahora me hallo aquí frente al papel, escupiendo por mi puño los sentimientos tan cruelmente hermosos de esa noche en que te conocí.
Aún no sé que pasará, lo único que sé, es que esa noche fuiste la luz de mis ojos, y ayudaste a que mi corazón no se destrozara en pedazos, por lo cual te estoy eternamente agradecido, y espero algún día contar con la oportunidad de ser yo quien ayude a sanar tus heridas y hacerte sonreír siempre para que puedas soñar muy alto.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
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así fue... simplemente así....!!!!
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